Decoración con cuadros (parte II)

Todos y cada uno de los lugares de una vivienda son propicios para ubicar cuadros, aunque los gustos más convencionales se inclinan por tener naturalezas muertas en el comedor, figuras abstractas en las bibliotecas y paisajes en el living.

De todos modos, es innegable que el espacio que permite ubicar obras de mayor envergadura –en calidad, tamaño y formato– es el living. Es el ambiente principal de la casa, el más amplio y además es un lugar social.

En cambio, las habitaciones y los escritorios dan cabida a una elección más ecléctica. Los más selectos eligen colgar obras de arte en los dormitorios. Allí guardan imágenes vinculadas a lo privado, como los desnudos.

En determinados espacios de la vivienda no es recomendable colgar cuadros, como en las paredes laterales de las escaleras o en los lugares donde la obra esta expuesta a recibir golpes, ya que siempre debe evitarse que la obra sufra algún tipo de daño. Tampoco, debe ubicarse a grandes alturas, porque ello dificulta su apreciación.

Asociar cuadros es un desafío interesante. Hay que arriesgarse a jugar, proyectar e imaginar formas buscando un equilibrio casi perfecto. Pueden agruparse por tema, por similitud o variedad de tamaños, por tipos de marco o por gamas de colores.

En ocasiones, las obras pueden ser colgadas de manera dinámica formando figuras geométricas, por ejemplo, rectángulos horizontales o verticales. Pero siempre hay que asegurarse de que guarden entre sí un punto en común, ya sea por similitud u oposición.

Otra alternativa interesante para buscar el equilibrio es ubicar una pintura grande al lado de dos pequeñas. Pero también existen algunos trucos para romper con la uniformidad de manera creativa y provechosa, por ejemplo cortando los paisajes con figuras humanas.

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