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No se puede negar que el minimalismo se instalo en la decoración de interiores. Pero no es un minimalismo puro o fundamentalista de otros tiempos a favor de una estética despojada y sacrificada del confort.

Lejos está la época en que se seguía a raja tabla las formas simples como profesión de fe en la arquitectura o en el diseño de interiores, como fue al inicio de los años 40 cuando el arquitecto Mies van Der Rohe, llamado el padre del minimalismo, aplicó radicalmente la corriente del diseño de casas de formas rectas.

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Lo que vivimos hoy en la decoración y el diseño de interiores y antes un minimalismo revestido que no debe ser seguido de una forma ortodoxa, como cualquier profesión de fe. Es un minimalismo que rechaza el accesorio y lo superfluo, pero que se conjuga con un simulacro de confort que da atención y valoriza el detalle de las creaciones.

En cuanto a la pieza única y la fabricación artesanal, son tendencias crecientes en el diseño de interiores, encaradas ahora como un retorno a los orígenes y a una forma un tanto minimalista de la vida, la verdad es que hoy las formulas de las que nos rodeamos para construir nuestros espacios son cada vez más eclécticos: la simplicidad se conjuga con el adorno y las líneas rectas conviven pacíficamente en el mismo espacio con las formas redondas.

Porque es el cruzamiento y conjugación de estilos de que hablamos, de donde surge la tendencia en diseño de espacios interiores donde un aparador o una consola de formas rectilíneas se conjuga con un papel de pared con formas rebuscadamente barrocas y opulentas o con un colgante o candelero más excéntrico.

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Cada pieza imprime su personalidad y justifica su propia existencia por la utilización que de ella hacemos.

Lo que debe imperar es el sentido común y la capacidad de cruzar los estilos sin herir susceptibilidades logrando alcanzar la tan deseada armonía del espacio, cruzando las líneas rectas y depuradas con las formas redondas y opulentas.