No todos los días son iguales aunque a veces pareciera que si. La rutina hace que luzcan como el mismo cada vez. De lunes a viernes la rutina de la mañana –despertarse, prepararse, alimentarse, socializar y partir de casa-, la rutina del día –saludar, trabajar, hacer llamadas telefónicas, e-mails, informes, comer, tomar el café, trabajar otro poco y despedirse- y la de la noche –llegar a casa, saludar, cenar, socializar y dormir-. Suena algo desalentador pero talvez sea lo que nos llena de energía para vivir todos los días en incertidumbre.

Ahora que no tengo la posibilidad de vivir es monotonía porque me encuentro lejos de casa pienso en lo agradable que se siente vivir en ese tipo de seguridad que nos brinda la odiada rutina. Los besos de mis hijos en la mañana, el sano cotilleo con mis amigas de la oficina, las sesiones de quejas y reclamos que tenemos entre todos los empleados cuando tomamos el café. La repetición no es mala, la tranquilidad de saber lo que nos espera es beneficiosa.

La monotonía también existe en el diseño y está relacionada con esos objetos que hemos visto siempre en nuestras espacios. No es gratuito que sigan en nuestros pisos, son eficientes y, aunque conocidos, bellos. El sillón The Knoll es un diseño clásico en todos los sentidos: su creación original se sitúa en Inglaterra del siglo XVII, está tapizado en piel italiana y su estructura construida en acero inoxidables. Mayor información en la página Web http://www.bombayharbor.com/