Dormir solo puede ser tan cómodo como dormir acompañado, inclusive mejor. Tengo la idea de que las camas sencillas son por naturaleza incómodas aunque no tienen ninguna lógica mi pensamiento y he pasado terribles noches compartidas en una cama doble. Puede ser que el recuerdo de dormir en una sencilla durante 16 años, en los cuales viví en casa de mis padres compartiendo habitación con una hermana gruñona, me haga tener esa posición. También puede ser que los cinco años en los que viví, y dormí, en una residencia de señoritas mientras estudiaba la universidad hayan reforzado aun más mi adversión a las camas sencillas. Las asocio también con los Boy Scout, con los campamentos, con los albergues juveniles, con las visitas a la casa de la abuela, con mis primeros novios y con los dolores de espalda.
Pero no es cierto. La verdad es que no había dormido nunca en una cama sencilla confortable porque cuando tuve la capacidad de tenerla ya necesitaba una para dos: me había casado y mi etapa de soltera estaba destinada a ser recordada como la del dolor de cuello por haber dormido mal en esa cama para niño. Y fue cuando tuve que conseguir camas para los niños que me di cuenta de lo confortables y bellas que pueden llegar a ser, lejos del internado de monjas o del sanatorio. De hecho, he tomado nota de algunos modelos muy tentadores por si llega el momento en que no soporte más dormir en la doble y quiera volver a sentir la libertad de la sencilla.
Una de las camas que más me llamó la atención por su calidad, belleza y precio fue la cama NOOK de la casa de diseño estadounidense BLU DOT. Es muy ligera, tiene patas de acero y está tapizada en algodón hipoalergénico. Se encuentra en tres colores; gris caliza, café tostado y verde guacamole. Mide 81 pulgadas de largo, 44 de ancho y 33 de alto. Mayor información en la página Web http://www.bludot.com