A todos nos gustaría tener algo que actualmente no poseemos, algo que un día sin saber como nos entro por la retina y se quedó ahí esperando a que un día volviéramos a por él y nos lo lleváramos a casa.

Mientras unos sueñan con un coche descapotable, rojo y a gran velocidad por un acantilado junto a la playa, yo me conformaría con una bonita y reluciente frigorífico Smeg. Puede que este comentario quede un poco machista, pero no lo es en absoluto. Mi pasión por épocas pasadas de estilos tan influyentes, me llevan a querer este electrodoméstico tanto como cualquier otro mortal desea tener un Iphone 4S.

Smeg es una marca italiana cuyo producto estrella son sus neveras inspiradas en los modelos de los años 50. Con un estilo inconfundible, diseñadores e interioristas en la actualidad, trabajan para seguir perfeccionando su diseño y funcionalidad, sin saltarse ni un paso de su filosofía.

En sus materiales recae también parte de su éxito, ya que apuestan por los mejores aceros inoxidables, que con un toque brillante, elegante y luminoso consiguen el efecto que tanto cautiva. Modernas superficies en cristal y un empleo sorprendente del color, distinguen a esta marca de las demás.

De esquinas redondeadas, con unas letras frontales en plata y su característico tirador de la puerta, acompañado por un color plato e uniforme por toda la superficie. Visto así, no debería captar las miradas de la cocina, pero lo hace.

Según mi opinión, es una de las pocas neveras, que en pisos pequeños o loft, queda bien en espacios compartidos con otras habitaciones. En otros casos, somos capaces de esconder el frigorífico bajo unas puertas de armario que lo mimeticen.

Estoy segura que ya la conocías, porque no hay cocina moderna que no tenga una, por eso si quieres hacerte con una consulta la web de Smeg.

Algún día llegaré a casa y ahí estará ella, con un refresco a punto para darme la bienvenida.