De lunes a viernes y sobre la última hora de la tarde voy a buscar a Pedro y a Juana a la guardería. La rutina es la misma: salgo 15 minutos antes de la hora de salida de mi oficina –ya todos saben que lo hago por recoger a los chicos y que si no voy se quedarían perdidos en una esquina del centro de la ciudad-, me fumo un cigarrillo y me tomo una infusión –en lo que me tardo 15 minutos-, camino durante otros 15 minutos por la alameda y llego al portal de colegio a la hora exacta en que abren las puertas y la horda de enanos huye despavorida, como si estuvieran escapando.

Siempre, durante el año escolar, es igual. En la tarde, después de discutir con mi jefe, de chismosear con las compañeras, de hacer mil llamadas, de escribir cien correos electrónicos, el momento más dulce se repite y repite, sin parar. No sé que haría si no contara con la emoción diaria que me brinda el ver a los peques corriendo hacia mi y gritando mi nombre. Nunca he estado más enamorada y enceguecida.

Cuando no están estudiando ya es otra cosa. Todo el día no pueden estar sin tareas así que tenemos la costumbre de hacer en casa una escuela imaginaria. Yo soy la profesora, hay hora de merienda, paseos al museo y lecciones de literatura. Tiene por supuesto su escritorio escolar PREFECT CLASSIC se combina con su método moderno de construcción. Gracias a que es doble no ocupa mayor espacio que uno normal y se pueden sentar los dos pequeños a dibujar. Los cajones tienen seguro, para que guarden sus cosas, como son tan misteriosos. Mayor información en la página Web www.prefectlockers.com