Desde que murió el perro me siento desconsolada, no todo el tiempo, no todos los días, pero a veces me doy cuenta de que se me oprime el corazón y extraño a mi amiguito. Trato de pensar que ha de estar bien, si es que estar es un término que se pueda utilizar en este caso. A veces cuando llego del trabajo cansada, con un niño en cada mano, y abro la puerta, olvido que ya no está y espero que se abalance sobre mi y me lama la cara o las manos. La verdad era como un bálsamo para mi vida un poco tosca.

El cariño incondicional, en este caso de mi perro, es un regalo que nada tiene que ver con merecimientos o logros sino más bien con circunstancias. No merecemos el amor de nuestra madre o de nuestros hijos sino que los tenemos, seguro y firme durante toda la vida. Las mascotas son fieles y cariñosas, en especial los perros, y me hace tanta falta mi chiquitín que he pensado en conseguir un hermanito de la misma raza para que ladre fuertemente cuando escuche el sonido de mis tacones cuando me acerco a la puerta de entrada del piso. Cómo extraño a mi perrito.

Si llegara a decidirme por tener de nuevo mascota estoy segura de que le daría vida de rey –o reina. Me gusta mucho la cama  ROYAL ESPLENDOR elaborada en hierro forjado, que me recuerda la cama de un prícipe del lejano oriente. Tiene una pequeña corona que remata su diseño y mide 25 x 18 x 27 pulgadas. Mayor información en la página Web http://www.pareena.com