6:00 a.m. de la mañana de un lunes, el día que se repite cinco veces durante la semana. Despierto a los niños para que tomen una ducha y el desayuno. Los visto, les pongo sus morrales y nos vamos juntos hasta el colegio, de donde los debo recoger en la tarde para llevarlos de nuevo a casa. Después, clases de ballet para la nena y natación para el chico. En medio de estas actividades trabajo en una oficina, leo, reviso, cambio, coordino. Termino el día fulminada y no es solo por hacer todas las actividades que acabo de mencionar; añado a esto que mis hijos son hiperactivos, aunque el psicólogo lo niegue.

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Agradezco al cielo cada vez que logro captar su atención pero no veo con buenos ojos que sean los juegos de ordenador ni la televisión. Quisiera que se dediquen a explorar la imaginación y su creatividad. Me gustan los objetos de uso diario que les permiten jugar, son divertimentos más complejos que una simple consola de video. Recuerdo lo mucho que yo disfrutaba del lego, la plastilina, el tablero, la comba y la bicicleta. Sonará un poco anticuado pero uno de mis favoritos era el ábaco, soy experta calculando.

Hace poco encontré un perchero fabuloso que es más que un accesorio para mis niños. Cómo tiene forma de elefante – o algo similar –  y muy buen tamaño, los niños no paran de jugar con él al tiempo que aprenden lo importante del orden. Cuelgan en él dibujos, juguetes, ya quisieran pillarse ellos mismos. Está fabricado en aluminio redondeado por lo que no representa ningún riesgo y mide 103 cm de ancho, 31 de alto y 5 de espesor. El diseñador es HEEYOUNG KIM.

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