Cuando era pequeña acostumbraba a subir saltando las escaleras de mi casa, a lo que mi madre siempre gritaba: ¡que te vas a romper la crisma!, pero a mi me encantaba, y además iba contando todos los peldaños. Después los subía con los ojos cerrados, contando, y cuando ya tenía un poco más de destreza, los bajaba también con los ojos cerrados.

A día de hoy no recuerdo cuantos son exactamente creo que de 13 a 16, pero no lo se exactamente. Si hubiese tenido unas escaleras como éstas seguro que no me habría hecho falta contar tantas veces, pero, a decir verdad, me parece una decoración más bien para una casa juvenil o para un cuarto infantil, aunque siempre se puede cambiar el estilo y hacerlo más sobrio.

Por cierto, aunque no recuerdo el número de escalones, mi experimento me sirvió para poder subir y bajar las escaleras sin luz, y todavía no me he caído ninguna vez.

Vía: Design Sponge