La primera bicicleta que tuve me la dieron mis padres en mi séptimo cumpleaños. Era un modelo cross, bastante agresiva para mi marcada feminidad, pero rosa; así que pasé del monopatín a la bici de un salto y totalmente convencida de que era una actividad muy de señorita. A pesar de lucir como un chico en bici de carreras me encantaba dar paseos con mis amigas, conocí las calles de mi barrio, me volví más segura de mi misma y cultivé el par de piernas que hoy mi esposo tanto admira.

Desde que tuve la primera no he podido dejarla de lado. La rosa se la quedaron mis sobrinitas –la hubiera querido para mi nena-, después pasé por muchos estilos: todo terreno, de montaña, de competencia, de dos puestos, hasta llegar a la que hoy tengo y uso a diaro, la estática. La bicicleta me parece fundamental para llevar una vida sana, para disipar el estress, para entretenerme y ejercitarme y me encanta todo lo que tenga que ver con sus formas.

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Hace poco me sorprendí con el diseño LCMX, de la casa BIKE FURNITURE, que es básicamente la deconstrucción de una bicicleta y la transformación de sus piezas en una silla. Las ruedas son el elemento básico de la creación, sirven de brazos, de estructura y de espaldar. Otras partes como los radios y los neumáticos le terminan de dar forma a esta novedosa propuesta. Tiene de altura 35 pulgadas, de ancho 33, de profundidad 33 y el espaldar mide 30. Mayor información en la página Web www.bikefurniture.com