No me gustan mucho las bebidas con alcohol, exceptuando una buena copita de un buen vino, por supuesto.

El otro día fui a comer a un restaurante de esos finos, y hubo una cosa que me llamó mucho la atención.  Y es que había mucha gente que después de la comida, más o menos cuando te estás tomando el café, bebía coñac.

La verdad que he de reconocer que me daba una envidia sana ver cómo esas personas disfrutaban de la sobremesa con su copa de coñac. Parecían disfrutar del aroma de esa bebida, de su color e incluso de su sabor.  Incluso me llegué a preguntar ¿ por qué no me gustará el coñac?

Como era de esperar me pedí una copita de coñac a la hora del café a ver si era capaz de disfrutar como los comensales de las mesas de alrededor, pero si os soy sincera, no disfruté nada de nada, porque no me gusta el coñac, igual si hubiera sido una copita de mora sin alcohol hubiera disfrutado más.

Pero para los amantes del coñac hay toda especie de artilugios para disfrutar de ese momento relajado, y yo he encontrado unas copas que no tienen despedicio.

La copas tienen un diseño espectacular, y su principal peculiaridad es que no tienen pie, cosa que me ha llamado la atención.

Porque claro ¿dónde las colocas? Bueno las puedes colocar boca abajo, pero cuando estés tomando el coñac no podrás soltar la copa porque el líquido se derramaría.

En fin que yo me he puesto a sacarle todas la pegas a estas copas, pero aún así igualmente me han encantado, porque no había visto nada parecido.

Y he pensado aunque estas copas estén diseñadas para albergar coñac, por aquello de la forma de la copa para conservar su aroma y disfrutar de su color, yo podría hacerme con unas cuantas de estas sólo para ver que cara ponen mis invitados cuando quieran dejar la copa en la mesa y no puedan.

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