No todos estarán de acuerdo conmigo pero la sensación de estar en pleno vuelo, con las ciudades y los campos pasando a 600 kilómetros bajo mis pies, esperando a que un muy agradable y joven auxiliar de vuelo me ofrezca tomar un vaso de whisky y sabiendo que dejo un lugar, que pronto será lejano, para cambiar completamente el escenario de mi vida, por mucho o poco tiempo, es una de las que más felicidad me produce. Tanta alegría me produce que desde que soy consciente de eso he entendido lo corto que es el sentimiento de ser feliz y que siempre está acompañado de algo de decepción.

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En resumen el hecho de estar sentada en las alturas, en las nubes, me supone la felicidad completa. El estado de movimiento, de cambio, de transformación de algo conocido a otro que al menos no lo es tanto me llena de optimismo y excitación. Ahora estoy obsesionada con tener una silla de avión en casa para tomar un descanso diario allí. Es una idea romántica y por lo mismo triste. En todo caso me hace ilusión y me consuela el hecho de no haber descubierto la felicidad sentada en un puercoespín.

También podría optar por tener la SILLA CLOUD, de la diseñadora LISA WIDEN, que tiene forma de nube de gran altura, resulta mucho más cómoda y representa perfectamente mi deseo. Los niños seguramente estará felices de sentarse en ella o de tomar la siesta, ya que su espaldar es reclinable y su material de construcción tan cómodo que resulta ideal para soñar entre nubes. Mide 75 x 100 x 60 cm y está fabricada con 37% de poliester, 27% de algodón y solo un 36% de acrílico.

Mayor información en la página Web www.lisawiden.se