Si existen los castigos divinos a los pecados mundanos de la carne, los estoy viviendo hoy y ahora. Esta mañana me desperté con un martilleo incesante junto en la base del cráneo, sedienta, mareada como si fuera en barco, con temblores en las piernas y con el estómago descompuesto. El pecado cometido fue tomar varios pares de copas adicionales a las permitidas para un día de la semana laboral. Debo decir que me arrepiento; lo he gritado, escrito y pensado desde que malamente me levanté de la cama pero no ha disminuido el malestar.

Todo empezó anoche a eso de las nueve cuando llegaron los invitados a una cena que organizaba en honor a mi amiga Paula que cumplía años; ella es una viajera incansable y no muchas veces tengo el honor de agasajarla. La idea era comer comida japonesa, que es su favorita, y tomarnos algún sake pero solo para acompañar el sushi. Después del sake empezamos a bebernos hasta el agua de las macetas y el resultado es este sufrimiento incesante que tengo ahora, en la oficina.

Lo que mejor que me quedó de la cena fue el set para servir sushi con el que ofrecí a los acudientes algunos nigiris y makis para acompañar los litros de alcohol. No recomiendo la embriaguez pero si el juego de platos para comida japonesa hecho en madera y fabricado por la casa Vibration at Lalique. Incluye palitos y recipientes para poner la soja. Mayor información en la página Web http://www.housetohome.co.uk