A veces se pone tan insoportable Pedro, mi niño de 7 años, qué me llena la sensación de desconsuelo por no poder hacer que entienda el porqué algunas de sus actitudes están equivocadas y no solo lastiman a los demás sino también a él mismo. No me gusta darme cuenta de que está actuando bajo el resentimiento que le producen sus actitudes celosas, posesivas, envidiosas y posesivas. Ya sé que estoy hablando solo de un niño y es por eso que no lo considero grave. A esa edad es muy fácil tener esas actitudes por la inmadurez y la primacía del instinto.

También me desespera –ahora no tanto pero si mucho al principio cuando no había detectado la causa- que se ponga irritable por un hecho en específico y en lugar de pedir alguna explicación o sentar su voz de protesta por eso, decida comportarse como un niño muy malcriado, como si no entendiera nada o como si fuera sordo. No deja de extrañarme la manera en que protesta porque la verdad es bastante efectiva en su objeto de hacerme desesperar. Y eso que yo practico Yoga.

Mi madre dice que tiene el mismo carácter que yo tenía cuando tenía su edad y me aconseja que sea siempre sincera con él acerca de las interrogantes que me surgen con su comportamiento. Hace poco vi un diseño de Eiry Rock que evoca muy bien el significado de lo que es tener un hijo. La PIVOTING CHAIR o silla pivote, tiene en su cuarta pata una silla más pequeña que rota 360 grados. Es perfecta para sentarse justo al lado del hombro derecho de tu inmanejable niño. Mayor información en la página Web http://www.eiryrock.co.uk/