Tengo una debilidad imperiosa por los hombres que bailan pero la vida tiene el sentido del humor negro y le ha dado a mi esposo, que es español, la sensibilidad rítmica de un noruego, y no con eso quiero desprestigiar a los noruegos, reconozco que se comen los mejores pescados del continente. Para mi bailar es un ejercicio de introspección, cuando lo hago sola o frente al espejo, o de socialización, cuando logro convencer a mi marido de que por lo menos me abrace y se mueva mientras yo bailo. El es un hombre muy generoso y lo hace por mí, yo soy muy agradecida y bailo para él más de una canción.

La música también nos puede transportar a tierras extrañas y dejarnos ver entre sus acordes, ritmos y melodías el estilo de vida de sus creadores. No nos queda duda de la sensualidad de los brasileños cuando conocemos la zamba, sabemos de sobra que los japoneses son meticulosos, delicados y cerebrales por medio del hogaku, el danzón cubano nos habla de romance, el tango llora tristeza y besa, el flamenco canta historias y expone la fuerza de un pueblo antiguo y apasionado. Conocer la música de las regiones que nos interesan es como caminar cortos trayectos de sus calles para probar si nos gusta su esencia.

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Música en todas partes y para esto es perfecta la minicadena DIZZY, ideada por la casa de diseño A2, que por su diseño resistente, la posibilidad de usarla horizontal y verticalmente, la potencia de sus parlantes y su tamaño, moderado, permite tenerla en interiores y exteriores. Para escuchar la radio, para reproducir discos de audio, con puerto USB y lector de MP3, MP4 y grabadora de sonidos. Mayor infomación en la página Web behance.net/a2inc