En muchas casas se repite el mismo gesto: antes de irse a dormir —o antes de unas vacaciones— se apagan regletas y se desenchufa “todo lo que no haga falta”. La intención es lógica: reducir el llamado consumo fantasma, esa electricidad que se va en pequeños pilotos, relojes, fuentes de alimentación y equipos que permanecen en espera.
El problema es que no todos los dispositivos se llevan bien con los cortes de corriente frecuentes. En algunos casos, desenchufar a diario no es una “medida de ahorro”, sino una rutina que multiplica molestias, provoca pérdidas de configuración o interrumpe procesos internos diseñados para ejecutarse precisamente cuando el aparato parece apagado.
Y ahí está la clave: standby no siempre significa inactividad.
El “consumo fantasma” existe… pero no todo compensa
El consumo en espera es real y puede sumar, especialmente si en casa hay muchos aparatos conectados 24/7. Algunas estimaciones divulgativas en España sitúan el impacto del standby en un porcentaje relevante del gasto eléctrico del hogar, lo bastante como para justificar medidas inteligentes (regletas con interruptor, temporizadores, enchufes inteligentes, etc.).
Sin embargo, intentar “rascar” ahorro desconectando indiscriminadamente puede salir peor: hay aparatos cuyo funcionamiento, durabilidad o mantenimiento depende de permanecer conectados, aunque no estén “encendidos” como tal.
Los dispositivos que no conviene desenchufar habitualmente
1) Nevera y congelador: por seguridad alimentaria (y por salud del propio equipo)
Aquí no hay debate: frigorífico y congelador están diseñados para mantener una cadena de frío estable. Cortar corriente rompe esa continuidad, favorece la condensación, puede generar olores y obliga a un esfuerzo mayor cuando vuelven a arrancar. Además, en ausencias largas, lo sensato no es “desenchufar y ya”, sino vaciar, limpiar y dejar puertas entreabiertas si se pretende apagar por completo.
2) Router y equipos de red: menos ahorro, más problemas
Apagar el router por rutina puede parecer una buena idea, pero normalmente el ahorro es pequeño frente al impacto: pérdida de conectividad para domótica, cámaras, alarmas, copias de seguridad, servicios en remoto o actualizaciones que se ejecutan en horarios de baja demanda. Si el objetivo es descansar por la noche, suele ser más eficaz programar el WiFi (no siempre el router completo) o usar horarios en el propio equipo.
3) Televisores OLED: “apagado” no siempre es apagado
En OLED, el riesgo no es teórico. Muchos modelos realizan tareas internas para mantener la uniformidad del panel y mitigar la retención de imagen. Por ejemplo, Sony explica en sus manuales que el “panel refresh” se ejecuta automáticamente tras usos prolongados, que puede tardar alrededor de una hora, y que además algunas funciones requieren que el televisor permanezca en standby para funcionar correctamente.
Traducción práctica: si se desenchufa sistemáticamente la tele OLED tras verla, se pueden interrumpir procesos pensados para cuidar el panel a largo plazo.
4) Lavadora y lavavajillas modernos: electrónica, memoria y sensores
Los electrodomésticos actuales dependen mucho de electrónica: placas, sensores, calibraciones, relojes internos y programas. Cortar corriente de forma habitual no suele “romperlos” de inmediato, pero sí puede provocar:
- pérdida de hora/programaciones,
- reinicios frecuentes del sistema,
- comportamientos erráticos tras reconexiones,
- y más estrés eléctrico acumulado que no aporta beneficios reales.
Si se quiere evitar standby en estos equipos, es mejor hacerlo de forma puntual, no como hábito diario.
5) Hornos y placas de inducción: mejor no convertirlo en rutina
No es tanto porque “tengan que estar enchufados”, sino porque suelen estar conectados a líneas dedicadas y no están pensados para que el usuario esté quitando y poniendo corriente. Si la idea es ahorrar, el margen no suele justificar manipular conexiones difíciles de acceder.
Qué sí conviene desenchufar (y cuándo)
Para ahorrar de forma sensata, el foco suele estar en aparatos de ocio o cargadores que pasan horas conectados sin necesidad:
- cargadores sin uso,
- equipos de sonido antiguos en standby permanente,
- consolas y decodificadores si no se usan a diario,
- pequeñas fuentes de alimentación (lámparas LED con transformador, por ejemplo),
- impresoras domésticas si se usan ocasionalmente.
La regla útil es simple: desenchufar lo que no tenga “mantenimiento” interno, ni funciones críticas, ni necesidad de estar operativo.
El enfoque que más suele funcionar: regletas y programación
Si el objetivo es reducir el consumo fantasma sin jugar a la ruleta con electrodomésticos delicados, hay tres estrategias que suelen dar mejor resultado:
- Regletas con interruptor para el “rincón multimedia” (TV no OLED, consola, barra de sonido, reproductores…).
- Enchufes inteligentes para programar horarios sin desenchufar manualmente.
- Ajustes internos: muchos routers permiten desactivar WiFi por franjas horarias sin cortar alimentación.
Preguntas frecuentes
¿El “consumo fantasma” realmente se nota en la factura?
Puede notarse, sobre todo si hay muchos equipos en standby permanente. El impacto varía según hábitos y número de dispositivos, pero suele compensar actuar sobre electrónica de ocio y cargadores, más que sobre grandes electrodomésticos.
¿Por qué una TV OLED no debería desenchufarse siempre?
Porque algunos modelos ejecutan rutinas automáticas de mantenimiento del panel en standby (como el “panel refresh”) tras usos prolongados, y el propio fabricante avisa de que hay funciones que requieren permanecer en standby.
¿Qué pasa si desenchufo el router cada noche?
Normalmente no se “estropea”, pero sí puede afectar a servicios que dependen de estar siempre conectados (domótica, cámaras, acceso remoto) y a procesos automáticos que se ejecutan en horas valle. Si el objetivo es dormir mejor, suele ser preferible programar el WiFi en lugar de cortar corriente.
¿Cómo ahorrar sin desenchufar media casa?
La combinación más efectiva suele ser: regletas con interruptor para ocio, enchufes inteligentes con horarios y revisar cargadores o aparatos en standby innecesario. Así se recorta el gasto sin interferir en el funcionamiento normal de los equipos.

