Una de las principales características de mi labor como decoradora es que cuando encuentro particularidades en el espacio trabajo especialmente en ellas, aunque la mayor parte de las veces tengo una visión especial. Siempre que debo intervenir un lugar trato de experimentarlo como primera medida; me siento, me paro o me acuesto, según sea el caso, y examino sus cualidades. Estudio la manera en que la luz solar entra durante el día, las texturas en sus superficies, la relación de vacíos y llenos, la sensación de altura y ancho, su proporción. Todo con el fin de reforzar sus cualidades positivas y disminuir puntos débiles.
Uno de los consejos más difundidos y afortunadamente utilizados para mejorar un espacio es el uso de espejos como parte de la decoración. Sirven para dos cosas fundamentalmente: hacen amplios los espacios estrechos o reducidos y mejoran las condiciones de luminosidad, ya que actúan como pantallas reflectoras. Una cosa más; permiten que nos demos cuenta de que la cartera no hace juego con los zapatos ni con el cinturón y eso es muy importante.





