Las noticias desalentadoras llenan los titulares de los medios de comunicación desde hace ya un buen tiempo. No solo son las crisis políticas, la guerra y la injusticia social, que ya nos son tan habituales y resultan propias de nuestro desproporcionado comportamiento como comunidad, ahora lo que llama la atención es el clima, que azota a la raza humana, sin distinciones. No es por hacer juego al amarillismo de la prensa sensacionalista ni mucho menos por hablar de un tema que está de moda (la moda nada tiene que ver con esto): la sucesión de desastres naturales que han azotado a ciudades pequeñas y grandes, costas, y países enteros, además de dejar prácticamente destruida la vida de poblaciones nos llama a la reflexión.

Para los que no lo han tomado en serio, es cierto que hemos llegado al límite de producción de basuras, de expulsión de gas carbónico, de uso indiscriminado de recursos naturales, de contaminación. Y aunque las acciones consistentes en contra del colapso del planeta no están en poder de los humanos individuales sino de las grandes potencias económicas –que no sobra decir representan los intereses de los humanos como colectividad- es cierto que nosotros, todos, como individuos podemos, además de reclamar a nuestros gobernantes acción, disminuir la producción de basuras y de contaminación.

Por favor reciclemos ya el papel, los envases, el vidrio: sin retardo, sin excusas. Alejémonos del uso de bolsas plásticas, del desperdicio de agua, del consumo excesivo. Yo tengo en casa las papeleras hechas con cartón reciclado producidas por la compañía de diseño suiza 366CM que reutiliza papeles impresos en color y los convierte en objetos de diseño amigos del planeta. Mayor información en la página Web http://www.366cm.com