Algunos pensamos que coleccionar arte es una extravagancia. No digo que no sea una actividad digna ni interesante, es solo que bajo mi perspectiva de mujer treintañera, asalariada, casada y con dos hijos pequeños, resulta una idea un poco descabellada. Me encanta la fotografía alemana y el grabado pero nunca ha pasado por mi cabeza la idea de comprar una obra, no estaría muy visto que gastara cifras con más de tres ceros en arte cuando podría invertirlas en mis hijos o en mi esposo, Creo que si los invirtiera en zapatos tendría un poco más de sentido o por lo menos mi suegra lo vería así.

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En todo caso si que me gusta coleccionar piezas de arte, por lo que debo aceptar mi marcada extravagancia. Pero lo que hago es centrarme en el arte utilitario. Por ejemplo tengo sillas, en las que se sientan mis invitados, que son verdaderas obras maestras del diseño del siglo XX, que es el periodo que me gusta. Nadie sabe exactamente el lujo que se disfruta al venir a tomar té en casa ni tampoco lo mucho que odio que lo tiren sobre el tapiz de piel de mi sillón favorito. Podrán entender lo que realmente significa.

Una de mis piezas favoritas, y de mi suegra también –sin que sepa que vale más que su juego de salón completo- es el sillón PRIVÉ de PHILIPPE STARCK. Elegancia y transgresión en una atractiva mezcla de lo tradicional con la provocación y la ironía caracterizan la colección completa, que se compone de diferentes modelos de sillas de brazo, sillones y puffs de varios tamaños y colores. La estructura de los muebles y patas están construidas en aluminio pulido. El tapiz es de piel blanca, marrón o negra. Una de las peculiaridades del diseño es el bracero, que sirve como soporte de libros o de elementos de mano. Mayor información en la página Web www.cassina.com