París es mi destino favorito. Recuerdo con mucha emoción la primera vez que la visité y tengo grabada en la mente la imagen que tuve cuando, llegando en el avión al aeropuerto de Charles de Gaulle, me encontré con la torre Eiffel coronando la ciudad más bella. No es fácil encontrar una ciudad que desde las alturas luzca tan bien como lo hace París y la verdad que las primeras impresiones si que importan. No encontré el amor en la ciudad más romántica del mundo pero mis tarjetas de crédito perdieron los estribos apasionadamente.

Llevo planeando desde hace tiempo ya una nueva visita a “la vieja dama”  y creo que por fin estoy invitada de nuevo a su mesa. Planeo ir con mi chico –sin lo chicos, que se quedarán con la abuela- a tomar unos pocos días de descanso, una visita corta pero muy comprometida. Museos, calles, cafés, restaurantes, tiendas de ropa, de decoración y de diseño. Esta vez con más responsabilidad pero con la misma emoción recorreré calles que la historia ha hecho célebres. Ya sé que otras ciudades también son grandiosas pero París es París y nada puedo yo hacer.

Hace poco tuve el gusto de buscar para una de mis más selectas clientes un accesorio para su salón que según sus propias palabras trajera el espíritu de la ciudad a su piso. Con el candelabro TORRE EIFFEL que está inspirado en la mítica obra de ingeniería que hace parte del imaginario colectivo del mundo entero, logré el objetivo. Fabricado en hierro forjado y con capacidad para 20 velas, mide 45 pulgadas de altura y 20 x 20 pulgadas de ancho. Mayor información en la página Web http://www.urbanlime.com