En 1982 Hugo França era un empleado en una empresa informática en Sao Paulo hasta que renunció a su puesto disgustado por la dictadura brasileña, abandonó la ciudad y se fue a vivir a la selva. Allí pasó 15 años conviviendo con los indios Pataxós que le enseñaron la técnica artesanal para tratar la madera Pequí.

Así aprendió a rescatar los árboles muertos como consecuencia de la tala y quema de árboles en los años 60, y a hacer de ellos auténticas piezas de museo. Parte de la forma natural del tronco para esculpir sobre ella y darle forma de sillones, sofás, mesas (grandes o pequeñas) y demás objetos decorativos.

Los precios son un poco elevados (de 12.000 a 65.000 €) pero merecen la pena ya que se tratan de piezas únicas, talladas a mano y auténticas obras de arte.