Hay cosas que cuando era joven disfrutaba hacer porque requerían de toda mi energía vital y demostraban mi capacidad de entrega y compromiso, como pasar la noche en vela trabajando en un informe imposible de terminar. Al final el resultado era satisfactorio y no por la calidad, que en general podría haber sido mucho mejor si el tiempo hubiera sido generoso, sino por la proeza de hacer lo imposible en tiempo límite.

Hoy no quiero repetir esas historias, no me siento heroína de mi oficina aunque ahora más que antes genere más ingresos y mi trabajo sea más valorado. No quiero pasar sin dormir de un día para otro para salvar responsabilidades incumplidas por otros, así sea mi jefe o el jefe de él. Mi horario de oficia se puede alargar, si hace falta llego un poco más temprano y salgo un poco más tarde, pero ya no me lo tomo como algo personal. Lo personal para mí es mi salud y mantener mi piel joven. Esforzarme hasta el límite no me ayuda con esos propósitos.

Para que no se me olviden mis horarios, y el respeto que les debo, tengo en mi oficina una reproducción del obra del artista Felix Gonzalez-Torres llamada Untitled (Perfect Lovers), original de 1991. La obra son dos relojes, de marcado diseño minimalista, sincronizados uno al lado del otro.  Yo, que soy admiradora de este artista, conseguí dos piezas lo más parecidas en lo posible a las originales y monté mi propia obra de arte en la pared de mi despacho. Una idea con mucho significado. Mayor información en la página Web http://www.latinartmuseum.com/gonzales_torres.htm