Que los pisos cada vez son más pequeños es verdad, y que en ellos cada vez almacenamos más cosas también es verdad. Pero siempre que me han preguntado que me llevaría a una isla desierta, muchas veces he elegido cosas que no me servirían más allá de un par de días, pero es imposible dejar atrás la tecnología. Así que si vosotros también sentís que hay un pequeño Diógenes dentro de vosotros, este apartamento parisino no os gustará (o talvez sí).

Un apartamento dónde todos los espacios son el mismo, se ha de elegir bien la distribución y los muebles indispensables para no tener la sensación de vivir en una caja de zapatos, ya que estamos en un apartamento de tan sólo 23 metros cuadrados. Es por eso que el proyecto de Aud Borromee en este apartamento es tan sorprendente, ya que ha diferenciado las diferentes áreas con unos tonos suaves, que producen la misma sensación placentera que el color blanco.

Después de pasar la única pared divisoria, entramos al comedor compuesto por una mesa de tres patas, un banco y una estantería que actúa de pared para diferenciar un pasillo que conduce al baño. Al encontrarse en el centro del piso, este tiene los 3 colores principales en su mobiliario, mientras que el suelo se divide únicamente entre el rosa y el verde.

Pasada la mesa, llegamos a la habitación, que dispone de un armario, una estateria baja y una cama. En el caso de compartir con otra persona, deberán quedarse sólo con lo más importante, ya que no hay espacio para nada más en el armario.

Todo el mobiliario se ha tenido que realizar a medida para evitar zonas desaprovechadas o quebraderos de cabeza tratando de encontrar muebles que quepan en una dimensiones tan reducidas.

Este piso es el mejor ejemplo para dejar de envidiar las casas grandes suecas que tanto nos hacen soñar.