La admiración que me producen las arañas –solo las pequeñas- ha sido constante desde hace mucho tiempo. Su liviandad, su apariencia y la tela que tejen en las esquinas de las casas que, cómo en la que crecí, no están limpias al detalle sino solo lo suficiente, y por esto permiten que estas pequeñas maravillas crezcan al tiempo que las plantas, son características que a mi parecer están llenas de magia y perfección.
El hecho de que su acción en los ambientes domésticos resulte beneficiosa, pues atrapan a los mosquitos y nos evitan sus picaduras, y el hecho de que estén asociadas a la buena suerte hace que realmente me gusten las arañas –solo las miniatura- y que cada vez que me encuentre una en mi casa, al lado de su tela, intente no estropearla y no me preocupe pensando en el mucho polvo que debe haber acumulado para que el animalito haya podido subsitir.




