Enero es un mes muy especial, no solo por el increíble frío que hace en el hemisferio norte del planeta, sino porque es un mes que empieza muy lento, tan lento y relajado como acaba el año, y finaliza con el apuro normal de un año como los de siempre. El trabajo ya va con el motor a toda marcha cuando febrero se aproxima, el colegio de los niños como si nunca hubieran tenido vacaciones, los afanes de la mañana, de la tarde y de la noche se repiten como si no hubieran cesado ni un solo día. Pienso con algo de desconsuelo que la realidad es el presente.
Las diferencias no se notan en el ambiente de mi hogar, ni en el del trabajo ni mucho menos en las calles; en esos espacios todo sigue igual. Los verdaderos cambios están en nosotros porque es a nuestra vida y a nuestro cuerpo que el paso de los años afecta. Siempre me estoy asombrando de lo rápido que crece Pedro y de lo bien que ya habla Juana. Somos nosotros los que cambiamos así enero sea siempre el mismo.


