Puede ser que en la oficina el riesgo de malgastar agua potable no sea más que la posibilidad de derramar un vaso sobre el ordenador, perdiendo 250 mililitros del preciado líquido y un año de trabajo al mismo tiempo. Talvez el consumo de energía sea moderado –en la medida de las posibilidades– porque al lidiar durante tanto tiempo con maquinas que funcionan con electricidad y luces de neón la conciencia del ahorro se ha instalado en todos los usuarios. Pero hay algo de lo que todavía carecen los oficinistas de las grandes y pequeñas compañías, y es el sentido del cuidado del papel: su uso moderado, su reutilización inmediata y sobre todo, su reciclaje.
No hay excusas para validar la poca atención que se le da al hecho de que por cada hoja de papel usada un árbol cae en un bosque aunque sea válido implementar medidas para hacer más fácil su proceso de selección y agrupación para reciclar. Por ejemplo tener una papelera, de gran capacidad, que ponga claramente que es para uso exclusivo del papel que se va a reciclar. Esto ayudará.





