Los días soleados que hemos tenido la semana pasada se sienten como un espejismo lejano y absurdo ahora que cuando nos despertamos nos encontramos de nuevo con el cielo gris y los mismos grados bajo cero de siempre, de todo el invierno. La verdad que el sol sienta muy bien a las personas, no solo por el cambio de color o por la capacidad que nos da de sintetizar la vitamina E, sino porque nos hace sentir confiados y optimistas.
Eso no es lo peor; lo peor es que la semana pasada al ver que ya la primavera había llegado, lo cual era falso, dediqué una mañana completa a seleccionar toda la ropa de invierno, a lavarla, secarla, plancharla, doblarla y guardarla en una maleta que no pensaba volver a abrir hasta el próximo diciembre. Ahora, creo, voy tener que sacar la maleta del oscuro escondite donde la puse y tomar de nuevo algunos accesorios que harán falta unos días más.




