Cuanta alegría nos da encontrar un nuevo uso para las zapas con las que ya no podemos correr porque se entra la arena por los agujeros que tienen en la suela. La razón no es que el apego por lo material nos dictamine sino que la necesidad de no generar más basura y de sacar máximo provecho de los elementos nos hace sentir que reciclar lo propio es un reto y un éxito cuando se logra. Las cajas de cartón resultan perfectas para guardar la ropa de la estación que acaba de pasar; las camisetas viejas primero pasan por pijama y después por paños para limpiar el polvo; llegamos al punto de convertir un televisor viejo, reciclado de la casa de nuestros padres, en un objeto de decoración vintage. Sistemas de sonido, ordenadores de escritorio, radios, máquinas de escribir, cámaras fotográficas, todo pasa primero por nuestra imaginación antes de terminar en el bote de basura. Hay elementos difíciles de transformar porque no nos imaginamos como poder sobrepasar su uso tan específico y definitivo. Un ejemplo: los cables de extensiones eléctricas.





