Cuanta alegría nos da encontrar un nuevo uso para las zapas con las que ya no podemos correr porque se entra la arena por los agujeros que tienen en la suela. La razón no es que el apego por lo material nos dictamine sino que la necesidad de no generar más basura y de sacar máximo provecho de los elementos nos hace sentir que reciclar lo propio es un reto y un éxito cuando se logra. Las cajas de cartón resultan perfectas para guardar la ropa de la estación que acaba de pasar; las camisetas viejas primero pasan por pijama y después por paños para limpiar el polvo; llegamos al punto de convertir un televisor viejo, reciclado de la casa de nuestros padres, en un objeto de decoración vintage. Sistemas de sonido, ordenadores de escritorio, radios, máquinas de escribir, cámaras fotográficas, todo pasa primero por nuestra imaginación antes de terminar en el bote de basura. Hay elementos difíciles de transformar porque no nos imaginamos como poder sobrepasar su uso tan específico y definitivo. Un ejemplo: los cables de extensiones eléctricas.

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Pero, como siempre, ya alguien ha pensado en esto –en este caso el estadounidense CRAIGHTON BERMAN– y ha diseñado la Lámpara COIL o Espiral, que reduce a las lámparas domésticas al más absoluto y mínimo uso de sus elementos básicos. Un simple cable eléctrico, indispensable para el uso común de la luz, se alza en espiral y conforma la forma, definiendo un volumen icónico de una lámpara de mesa  y permitiendo conectar en su final una bombilla ahorradora de energía y de tecnología LED. La superficie es creada enteramente por un único cable de poder, de 100 pies de extensión, que se enrolla alrededor de un acetato transparente recortado con láser y con la forma del objeto. Esta simple transformación redimensiona el uso del cable y lo eleva a la categoría del más alto diseño industrial. Mayor información en la página Web http://craightonberman.com