Nada mas chocante que los atascos; la sensación de estar encerrada en medio de un océano de coches, que no se mueve, el calor sofocante que desprende cada uno de los coches –incluido el propio-, la desesperación de mis niños que se comportan como pequeños gorilas enjaulados, la certeza de saber que todo acabará por hoy pero que se repetirá indefinidamente, sin solución, sin variación, sin cambio.
En un principio me parecía insólito que quienes debían transportarse en coche contaran con el tiempo del atasco para calcular cuánto se tardarían en el camino a la oficina o el colegio, no comprendía cómo alguien pudiera resignarse a tener que pasar una hora enfrascado en una autopista, ahora yo misma sé que tardo 40 minutos allí, aunque prefiero caminar a veces me resulta imposible porque me dirijo un poco más lejos y por eso mismo comparto con muchos otros esa horrible experiencia del atasco.




