Al parecer la semana santa es el mejor momento para huir de las ciudades en busca de encontrar la paz interior en algún lugar no tan lejano, como para perder mucho tiempo en trasladarse, ni tan cercano, como para poder olvidar por un par de días la contaminación, la sobre población y el estrés. Me parece así porque hoy salgo a la calle y pareciera que el noventa por ciento de los vecinos no están en sus pisos. Se ve la ciudad tan desolada y se siente tan silenciosa que no me genera ningún sentimiento positivo sino al contrario.

Y mucho menos me gusta sentir que todo en la ciudad ha parado a pesar de mis necesidades básicas. Se reduce la oferta de actividades de recreación y culturales, los restaurantes abren poco tiempo cuando lo hacen, los supermercados cierran pronto, todo parece estar dispuesto para no funcionar. Es posible que quieras cenar algo en la noche y no encuentres nada más que huevos y leche, que tienes guardados en el refrigerador. Semana santa, ayuno seguro si no te abasteces antes de los feriados. ¿Estaré exagerando?

La semana santa, al parecer, es para celebrarla así que como yo no me fui de viaje a las playas ni a la sierra decidí celebrar a mi modo. Tengo ahora como centro de mesa en el comedor un verdadero candelabro pascual. El Paschal Candlesti está fabricado en bronce fundido y plata dorada. Su basamento esta bellamente ornamentado con piedras de cristal rojo. Mide 48 pulgadas de alto. Es original, auténtico, tan propicio para la semana santa que podría salir a procesión con él. Mayor información en la página Web http://www.marianland.com