Cuando nos ponemos a analizar las cocinas que más nos inspiran y motivan, siempre son los colores claros los protagonista de estas. Las ventajas que tienen sobre el resto de colores, les hacen ser los elegidos para que la combinación final sea duradera, agradable y sobretodo atemporal.


Pero una buena elección no porque ir siempre de la mano de estos colores, ya que sino estaremos cayendo en una paleta de colores un tanto sobria y, ahí no se respira alegría a no ser que rompas la armonía con unas motitas diferentes de algo inesperado.

Así que hoy hemos recurrido al amarillo, el color de la prensa del corazón en las islas británicas, para dar un pequeño giro a todo lo aburridamente correcto.


No hace falta exagerar, con un poco basta para conseguir la sorpresa. Por eso en un comedor dónde el negro suelo contrasta con las blancas paredes, unas sillas metálicas forradas de amarillo, son una divertida elección. Rompen con lo cuotidiano.


O al revés, una mesa amarilla pálida, contrasta muy bien con las sillas grises y el resto de blanco. Esta muy bien pensado rebajar el tono del amarillo de la mesa, así cuando hagamos uso de ella cada día, no nos sobrecargará de color las retinas.


Si estas a favor de un cambio así, pero quieres ir con pies de plomo, prueba a utilizar unas lámparas como estas. Alejadas del ojo a simple vista, destacan entre la madera y el blanco, implantándose en la parte luminosa de la cocina. Un buen foco de calor a la fría cocina.


Aunque también puedes arriesgarte un poco más y añadir una letra enorme de color, que con un aire industrial, de un giro al clásico comedor, o aprovechar el papel pintado de la pared, para que las puertas de los armarios nos recuerden que podemos vivir siempre en nuestra estación favorita si nos lo proponemos.

Hay que perderle el miedo al cambio, siempre nos podemos llevar una grata sorpresa.