Soy una mujer enamorada de la vida, de mis hijos, entregada a mi trabajo, a mis estudios, a mi profesión y, sobre todo, apasionada por los hombres; no por nada he estado casada tres veces, siempre profundamente convencida al hacerlo. Creo en el concepto de pareja y en sus cualidades positivas: el acompañamiento, la solidaridad, la responsabilidad compartida, el amor filial, la fidelidad, la lealtad y el compromiso. Creo tanto en ellos que cuando veo que flaquean o que se han roto considero que es momento de rediseñar o reiniciar.
Entiendo que cada vez que relato que he estado estas tres veces las personas abran los ojos de par en par, también acepto que abran la boca cuando se enteran de que con mis dos ex esposos tengo una relación de amistad inquebrantable y tolero los comentarios mal intencionados que surgen cuando se sabe que también mi esposo, Nicolás, es amigo de mis queridos amores del pasado. Ya quisiera yo poder tener de cada uno de ellos lo que me enamoró y aun valoro profundamente, pero no es así.






