Si, soy una enamorada, apasionada, obsesivamente enganchada de la música. La necesito todo el día, para sentirme relajada, para ser feliz, para amenizar mis malos momentos y sobredimensionar los buenos. La alarma de mi reloj despertador, que a la vez me sirve como cámara fotográfica, dispositivo portátil de música, grabadora de video, agenda y teléfono móvil, es una de mis canciones favoritas; un poco cañera, si, la he elegido así para que realmente me despierte.
Después siguen las canciones sosegadas durante el desayuno, algo más fuerte para evitar las conversaciones del metro, una sola muy enérgica para que me acompañe mientras corro la mini maratón desde la estación del metro a mi oficina porque siempre voy tarde. A la hora de la comida escucho algo suave, de caminata hacia mi casa –después del trabajo- escucho unas cinco canciones de lo más arriba y al llegar me conecto con un repertorio que se mueve entre el jazz, la electrónica contemporánea y el rock inglés. Todo el día, todos los días, estoy de fiesta. Lo recomiendo, hace muy feliz.






