Iniciar la semana es cosa de valientes. Dejar de lado el hecho de haber pasado dos fantásticos días de relax en casa, acompañado por tu familia, o de haber ido de paseo a la sierra y tener que enfrentar la realidad del lunes a viernes: el café afanado de la mañana, el metro, el tráfico, los compañeros de oficina, el contable de la empresa, tu jefe… una semana entera… más.
La relajación alcanzada el fin de semana no es suficiente para lograr enfrentar la vida laboral y ya el martes la sensación de tensión en la espalda y el deseo incontrolable por que lleguen las 7 de la noche para poder huir del lugar han borrado toda huella de tranquilidad.







