6:00 a.m. de la mañana de un lunes, el día que se repite cinco veces durante la semana. Despierto a los niños para que tomen una ducha y el desayuno. Los visto, les pongo sus morrales y nos vamos juntos hasta el colegio, de donde los debo recoger en la tarde para llevarlos de nuevo a casa. Después, clases de ballet para la nena y natación para el chico. En medio de estas actividades trabajo en una oficina, leo, reviso, cambio, coordino. Termino el día fulminada y no es solo por hacer todas las actividades que acabo de mencionar; añado a esto que mis hijos son hiperactivos, aunque el psicólogo lo niegue.







