La estantería Giralot diseñada por Stefano Bettio es una de las joyas que una vez más nos deja el diseño italiano. Ha sido creado para la empresa Bellato y consiste en una columna fija a la pared de la que «penden» varios estantes que podemos girar hasta 180º y colocar a nuestro antojo.
No todos estarán de acuerdo conmigo pero la sensación de estar en pleno vuelo, con las ciudades y los campos pasando a 600 kilómetros bajo mis pies, esperando a que un muy agradable y joven auxiliar de vuelo me ofrezca tomar un vaso de whisky y sabiendo que dejo un lugar, que pronto será lejano, para cambiar completamente el escenario de mi vida, por mucho o poco tiempo, es una de las que más felicidad me produce. Tanta alegría me produce que desde que soy consciente de eso he entendido lo corto que es el sentimiento de ser feliz y que siempre está acompañado de algo de decepción.
En resumen el hecho de estar sentada en las alturas, en las nubes, me supone la felicidad completa. El estado de movimiento, de cambio, de transformación de algo conocido a otro que al menos no lo es tanto me llena de optimismo y excitación. Ahora estoy obsesionada con tener una silla de avión en casa para tomar un descanso diario allí. Es una idea romántica y por lo mismo triste. En todo caso me hace ilusión y me consuela el hecho de no haber descubierto la felicidad sentada en un puercoespín.
Creo que esta sería mi biblioteca o estantería preferida. Os explico por qué. No se si soy a la única que le pasa pero normalmente me guste tener las cosas ordenadas lo que sucede es que por alguna extraña razón casi siempre están desordenadas, también los libros. Suelo coger uno para leerlo, terminarlo y volverlo a dejar en la estantería pero de cualquier manera. Cuando pase el tiempo y el caos comienza a asomar es el momento de ordenarlos.
Pero con esta biblioteca con forma de árbol no tiene porque parecer un caos. La ramas son asimétricas y por tanto no siguen un orden rígido y establecido, las cosas que tengamos colocadas no tienen que tener ningún orden aparente porque precisamente su encanto está en que no esté demasiado ordenada, como las frutas que brotan de él cada temporada.
Son las diez de la mañana de un lunes como cualquiera en el que habitualmente el escritorio está lleno de papeles: documentos por leer, cartas por responder, correos electrónicos para catalogar, facturas, informes, agendas… Todo junto y reclamando mi atención, unos encima de otros, mezclados y urgentes. El escritorio se pierde debajo de la montaña de papel y sería necesario otro para poder dar orden al caos.
La oficina, desde mi llegada, ha cambiado radicalmente. Además de haber descolgado alguna reproducción de una obra de Picasso, descolorida y amarillenta, y de haber traído un par de plantas para que contrarrestaran la antinaturalidad de las luces de neón, han sucedido variaciones más relacionadas con el uso que ahora le doy y para el cual no estaba dotada. Una mesa de reuniones, para discutir los temas de la semana, un par de estantes altos y anchos en donde poder archivar los documentos de seguimiento y poner alguna foto que me haga recordar que tengo una vida propia. Lámparas de mesa para mejorar la lectura y, como última adquisición, una mesa para la infaltable taza de café.
Todo diseñador gráfico sabe que es un Pantone nada más escucharlo. Las paletas de colores Pantones son como la Biblia del color para los diseñadores gráficos; sería así como un la tabla periódica para los químicos.
Pantone Inc. es una empresa norteamericana, creadora de este popular sistema de control de color para las artes gráficas. Su sistema de definición cromática es el más extendido y utilizado en todo el mundo. Esta forma de ver el color a diferencia de CMYK y RGB se suele denominar color directo.