¡Cuántas veces has probado trucos de limpieza que te habían dicho que eran infalibles… y te diste cuenta de que no funcionaban! Seguro que muchas. Y es que, nunca mejor dicho, no es oro todo lo que reluce y no existen fórmulas mágicas para que la casa esté limpia, impecable y reluciente. Te descubrimos algunos mitos de la limpieza que no siempre funcionan como se espera. ¡Toma nota!

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Fuente: Porcelanosa

Muchos de los trucos de limpieza que nos llegan a través de una amiga, de nuestra madre o de las redes sociales (internet está lleno de trucos que prometen dejar tu casa como los chorros del oro sin esfuerzo), son recomendaciones que llevan mucho tiempo en vigor, que van pasando de unos a otros y que están globalmente aceptados.

Sin embargo, hay veces que no consiguen el objetivo para el cual se ponen en práctica. Hoy te explicamos algunos de ellos, para que sepas a qué atenerte.

Es mejor fregar el suelo con agua caliente

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Tenemos la idea de que si fregamos el suelo con agua templada o caliente la suciedad se eliminará más fácilmente y nuestro suelo quedará precioso y limpísimo con solo unas pasadas. Sin embargo, para que este truco funcione correctamente hay que tener en cuenta el material del pavimento en cuestión.

Es decir, que para los suelos de gres o de cerámica el agua caliente puede ser genial, mientras que puede acelerar el deterioro de los suelos de madera. En general, para estos últimos el agua no va nada bien y si es caliente, aún peor.

Además, no es conveniente usar agua caliente con según qué limpiadores, como los que llevan lejía. Se reduce su poder de limpieza y el detergente se vuelve más tóxico. Mejor con agua fría…

Los muebles de madera quedan mejor con un limpiador específico

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Fuente: Maisons du Monde

Los productos para limpiar la madera no siempre son recomendables para los muebles. Al contario de lo que pudiese parecer, no estarán más brillantes por limpiarlos con ellos. Este tipo de productos aportan grasa a la madera, por lo que a la larga consiguen el efecto contrario (ensuciarlos, más que limpiarlos). Si los limpias con un paño suave simplemente humedecido en agua conseguirás quitarles el polvo perfectamente y los tendrás preciosos.

Y tampoco estés todo el día aplicando cera a los muebles de madera. Con una o dos veces al año es suficiente.

Lo mejor para los muebles lacados, los polvos de talco

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Fuente: Maisons du Monde

Si alguna vez has probado a limpiar un mueble lacado con polvos de talco ya te habrás dado cuenta de que es un mito que no funciona, y si nunca lo has intentado, mejor no lo hagas. Solo conseguirás ensuciarlo aún más y tener que limpiarlo aún más a fondo.

Para limpiar a diario las superficies lacadas basta con pasarles una bayeta húmeda y secarlos después a conciencia. Y si lo que quieres es devolverles el brillo humedece la bayeta con leche.

Los cristales quedan perfectos si los limpias con una media vieja

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Fuente: Maisons du Monde

Todos hemos oído varias veces que los cristales quedan inmaculados si los limpias con un panty viejo. Pues siento decirte que es otro mito que no da resultado. ¡Ojalá fuese tan sencillo limpiar los cristales de la casa! Estaría bien dejarlos perfectos frotando solo con la media. Sin embargo, no es tan fácil…

Para que queden limpios y sin marcas, hay que limpiarlos con una mezcla de agua y amoniaco a la que habremos añadido unas gotas de detergente. Y, sobre todo, secarlos muy bien después con un trapo que no suelte pelusa o con papel absorbente.

Si no tienes lejía, usa amoniaco

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Fuente: Porcelanosa

Al contrario de lo que pueda parecer en un principio, la lejía y el amoniaco no tienen nada que ver. Ambos son dos limpiadores de uso doméstico, pero no son iguales (ni mucho menos) ni sirven para lo mismo. Es decir, que si uno de ellos se te acaba, utilizar el otro no tiene ningún fundamento.

El amoniaco es un desengrasante formidable, mientras que la lejía es desinfectante y blanqueante. Igual que el amoniaco es perfecto para los cristales, los muebles de la cocina y para eliminar las manchas de las tapicerías, la lejía higieniza a la perfección los sanitarios del baño, los suelos y sirve para blanquear alguna prenda de ropa.

Eso sí, nunca, pero nunca, se te ocurra mezclar lejía y amoniaco, puesto que de la mezcla de ambos se desprenden unos vapores muy tóxicos que pueden ser muy perjudiciales para la salud. ¡Y esto sí que es verdadero!

¿Qué te han parecido estos mitos de limpieza? ¿Habías probado alguno? Seguro que sí… Y quizás conozcas otros muchos que tampoco surten efecto. Como en otras muchas cosas, la prudencia y el sentido común nos ayudará a saber qué trucos probar y cuáles no. ¡Que no te den gato por liebre!